Un hallazgo inesperado en Rubí: cuando la arquitectura nos conecta con la memoria
En Lafita Arquitectura estamos acostumbrados a que cada encargo —ya sea un proyecto de viviendas plurifamiliares o unifamiliares, una dirección de obra, una subsanación catastral o un dictamen pericial— implique un reto técnico y normativo. Pero, de vez en cuando, surge un caso que nos recuerda que nuestro trabajo también está profundamente ligado a la historia de los lugares y a la memoria de las personas que los habitan.
A principios de noviembre realizamos una asistencia técnica en un inmueble del municipio de Rubí. Lo que en principio era una intervención habitual —una verificación constructiva y documental— se convirtió en una experiencia que nos marcó especialmente. Durante la visita, fueron los propios propietarios del inmueble quienes, de manera cercana y generosa, compartieron con nosotros una historia que forma parte inseparable de la identidad del municipio: la de la gran riada de 1962.
Estudio de arquitectos
Proyectos de vivienda plurifamiliar y unifamiliar | Servicios de arquitectura legal y forense
La noche que cambió Rubí
Durante la noche del 25 de septiembre de 1962, en apenas dos horas cayeron más de 200 litros por metro cuadrado sobre la Serra de l’Obac y Sant Llorenç del Munt. La lluvia torrencial hizo crecer de forma súbita los arroyos de Palau y de Rubí, arrasando todo a su paso y afectando gravemente a Terrassa, Les Fonts y Rubí.
Al llegar a este último municipio, el desbordamiento destruyó numerosas viviendas humildes del Escardívol y de la Font de la Via, barrios levantados con el esfuerzo de muchas familias trabajadoras.
Los días posteriores estuvieron marcados por la búsqueda desesperada de desaparecidos, un profundo sentimiento de duelo y una enorme movilización solidaria. La radio impulsó campañas para recoger alimentos y material; el régimen franquista desplegó su aparato propagandístico y el propio Francisco Franco visitó el municipio.
En memoria de las víctimas, en el puente de Pelleria, en la calle Cadmo, se levantó un monumento obra de Josep Maria Subirachs: un monolito de hormigón con una cruz de vigas de hierro que aún hoy recuerda aquel episodio. Se estima que fallecieron alrededor de 600 personas, aunque la cifra exacta es incierta al no estar todos los vecinos censados. El monumento recoge el número de 617 desaparecidos.
Estudio de arquitectos
Proyectos de vivienda plurifamiliar y unifamiliar | Servicios de arquitectura legal y forense
Una historia viva en la voz de quienes la sobrevivieron
Durante la inspección, los propietarios del inmueble —Don Antonio Segarra, de 93 años, y su esposa Doña Festiva Tomás, de 84, acompañados por su hija Festiva— nos ofrecieron un testimonio que difícilmente olvidaremos. Mientras revisábamos documentación notarial y hablábamos sobre la antigüedad de su vivienda, surgió un recuerdo que conservan con absoluta claridad.
Nos explicaron que fueron los últimos en cruzar el antiguo puente situado a la altura de la iglesia del municipio (visible con una flecha roja en el fotograma del vuelo del 21 de agosto de 1957).

Estudio de arquitectos
Proyectos de vivienda plurifamiliar y unifamiliar | Servicios de arquitectura legal y forense
Fue la tarde-noche previa a la tragedia. La riera bajaba ya muy cargada de agua, y Doña Festiva recordaba que poco faltaba para que esta sobrepasara el puente. Don Antonio, en un primer momento, pensó que no era tan grave, pero al aproximarse al otro lado comprendió la magnitud del riesgo. Aun así, lograron cruzar… por última vez.
Esa misma noche, sobre las once, comenzó una tormenta extraordinariamente violenta. Truenos continuos, relámpagos sin descanso y un estruendo que hacía temblar el valle. Poco después empezaron a oír gritos procedentes de la riera, sin saber aún que la catástrofe ya estaba en marcha.
Al amanecer, cuando Don Antonio se dirigía a su trabajo, descubrió con asombro y horror que el puente por el que habían cruzado horas antes había desaparecido. Era aún de noche y no pudo verlo hasta que se encontraba prácticamente encima. La Guardia Civil lo reclutó entonces para colaborar en la búsqueda de víctimas. Sus palabras, serenas pero cargadas de emoción, nos trasladaron por un momento a aquel amanecer devastador.
Vestigios que permanecen
Lo más sorprendente del relato no fue solo la dureza de lo vivido, sino la existencia de una huella física, un vestigio tangible que ha resistido al paso de más de seis décadas.
En el edificio situado en Passeig de la Riera 79, muy próximo a su vivienda, quedaron atrapados aquella noche unos pequeños matojos entre las rejas metálicas de la fachada, signos de hasta dónde llegó el agua de la riada en ese punto. Restos arrastrados por la corriente que quedaron incrustados allí y que Don Antonio veía cada día, ya fuese camino del trabajo o en sus desplazamientos al centro del pueblo.
Estudio de arquitectos
Proyectos de vivienda plurifamiliar y unifamiliar | Servicios de arquitectura legal y forense

A día de hoy, esos matojos siguen allí. Para la mayoría pueden pasar desapercibidos: simples fibras secas atrapadas entre barrotes. Pero para Don Antonio y Doña Festiva —y ahora también para nosotros— son un recordatorio silencioso, humilde pero poderoso, de una noche que cambió para siempre la historia de Rubí.
Para quienes deseen localizar este punto exacto y comprender mejor el contexto espacial de la historia, os dejamos el enlace para verlo directamente en 👉 Google Maps.
Estudio de arquitectos
Proyectos de vivienda plurifamiliar y unifamiliar | Servicios de arquitectura legal y forense

Su hija Festiva tuvo la cortesía de acompañarnos a visitar este lugar tan significativo para su familia. Durante el recorrido, nos contó que, según siempre le explicaron sus padres, en la vivienda colindante, cuyos vestigios aún pueden apreciarse, sus habitantes salvaron la vida subiéndose al tejado cuando la fuerza de la riera comenzó a arrastrarlo todo a su paso.

Ese gesto desesperado marcó la diferencia entre la supervivencia y la tragedia aquella noche.
Cuando la arquitectura se encuentra con la memoria
La visita técnica que realizamos en Rubí no solo nos permitió cumplir con nuestra labor profesional. También nos recordó que cada edificio, cada calle, cada detalle urbano guarda consigo fragmentos de la historia de quienes los habitan.
Escuchar a los propietarios del inmueble fue un recordatorio de por qué hacemos lo que hacemos: porque la arquitectura no es solo construir, sino comprender, proteger y dar continuidad a aquello que forma parte de la vida de las personas.
Nos sentimos profundamente agradecidos de haber conocido esta historia de primera mano y de poder compartirla hoy, para que no caiga en el olvido.
Estudio de arquitectos
Proyectos de vivienda plurifamiliar y unifamiliar | Servicios de arquitectura legal y forense
El cambio urbano tras la riada: lectura del fotograma aéreo de 1977
En el fotograma del vuelo realizado en agosto de 1977 por el Centro Nacional de Información Geográfica, puede apreciarse con claridad la profunda transformación urbanística que vivió Rubí tras la riada de 1962.
En la imagen se distinguen ya los nuevos puentes construidos para sustituir las infraestructuras destruidas por la fuerza del agua. También se observa el gran espacio abierto correspondiente al actual aparcamiento del Escardívol, un lugar donde, antes de la tragedia, se levantaban viviendas humildes que fueron arrasadas por la avenida. Posteriormente, el solar se destinó a una piscina municipal, y con el paso de los años, el área evolucionó hasta convertirse en el aparcamiento que conocemos hoy.
Este tipo de vuelos históricos no solo son valiosos como herramienta técnica, sino que constituyen una pieza clave para comprender la evolución del territorio y la huella que dejan los grandes episodios que marcan a una ciudad.

